El país que «abraza a los inmigrantes»
En contra de la tendencia dominante, España ha copado las portadas internacionales con su anuncio de una gran regularización
En un contexto global marcado por el endurecimiento de las políticas migratorias –y en plena «campaña amplia y agresiva» de la administración Trump para detener y deportar a millones de personas–, España opta por «una lógica distinta», subraya The New York Times. El diario destaca el carácter inesperado de la medida: «El Gobierno español aprobó el martes, de forma sorpresiva, un decreto que ofrece a cientos de miles de migrantes indocumentados una vía para regularizar su situación».
Esta regularización extraordinaria permitirá a quienes viven hoy en un limbo legal acceder a derechos básicos; hasta medio millón de personas, según las estimaciones del propio Ejecutivo. Desde América Latina, El Espectador subraya que la regularización beneficiará sobre todo a migrantes latinoamericanos y se hace eco de algunas estimaciones que elevan la cifra de posible beneficiarios hasta 840.000.
El Times enmarca la decisión española en contraste con sus vecinos: «Gran Bretaña ha endurecido las normas para los refugiados; Grecia impone penas de prisión a los migrantes que permanecen tras la denegación del asilo; Italia quiere retener a solicitantes de protección en Albania mientras se tramitan sus casos». España, en cambio, «ha abrazado a los inmigrantes, especialmente a los latinoamericanos que comparten lengua, religión y cultura».
Los motivos económicos aparecen de forma recurrente en la cobertura internacional. «La economía española funciona a pleno rendimiento, impulsada por una inmigración masiva procedente en gran parte de América Latina», escribía recientemente Le Monde. El diario recordaba un informe del Banco de España que estima que la inmigración aportó entre 0,4 y 0,7 puntos al crecimiento del PIB per cápita entre 2022 y 2024, «casi una cuarta parte del aumento total del nivel de vida» en ese periodo.
Loas y críticas
El anuncio no convence a todo el mundo. La revista británica The Critic define la regularización como «un riesgo gigantesco en materia migratoria». En su análisis, sostiene que la amnistía –aprobada por decreto y sin votación parlamentaria– no es solo una política pública, sino una maniobra política destinada a «provocar la máxima tensión posible» en un contexto de auge de la derecha nacionalista.
Para este medio conservador, la regularización se inscribe en una estrategia más amplia: un modelo económico «construido sobre la inmigración a gran escala», con flujos netos superiores a 600.000 personas anuales en 2023 y 2024, y reforzado por la Ley de Memoria Democrática, que ha abierto la puerta a millones de solicitudes de nacionalidad de descendientes del exilio. Frente a una Europa que «avanza hacia un mayor cierre», España se mueve «en la dirección opuesta», afirma la revista, que considera que, en un país «ya tensionado por la crisis de la vivienda, con infraestructuras al límite y aún recuperándose del accidente ferroviario de Adamuz», la estrategia de Pedro Sánchez es, «en el mejor de los casos, una apuesta arriesgada».
Desde Alemania, en cambio, el diario progresista TAZ interpreta la decisión como «un programa valiente de contraste frente al giro derechista». En una columna, defiende que no se trata de una «política ingenua», sino de una medida «moralmente defendible y económicamente sensata». Mientras otros gobiernos asumen parte del discurso de la extrema derecha, Sánchez «elige el camino contrario y planta cara con una agenda progresista».
España, además, no es nueva en este terreno: ha llevado a cabo al menos ocho procesos de regularización desde los años ochenta, bajo gobiernos de distinto signo político. Pero el momento actual otorga a la decisión un significado distinto. Como resume una investigadora citada por The New York Times, «en el contexto internacional actual, marcado por el auge del discurso antimigración, la decisión de España actúa como un contrapeso».